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Después de los 13, se agregó el cumple del chico que me gustaba (que vivía en Fray Bentos... ¿Qué pensará hoy del quilombete de las papeleras? ¿Le habrán dado trabajo?. Cada tanto me pregunto estas cosas).
El 30 de diciembre de 2003, muy tempranito, murió Ana (la mamá de Julio, digamos... mi suegra). Me acuerdo que Juan Cruz había salido de terapia hacía apenas 8 días, así que nunca se conocieron personalmente. En cuanto me dieron el alta a mí, le llevé fotos y un video. Y por lo menos se fue sabiendo que había sido varón, como ella quería. A partir de entonces y para siempre, su hijo no iba a estar solo por más que ella se fuera. Y, según me dijo, eso la dejaba más aliviada.
En 2004 nosotros ya vivíamos a escasas 10 cuadras de La Rioja y Bartolomé Mitre. Mis vecinos del primero estuvieron a punto de ir al recital, pero no se por qué cosa, al fin no pudieron. Nosotros fuimos a cenar a la casa de mi suegro y volvimos una hora -exactamente una hora- antes de que comenzara el fuego. Juancho ya tenía 1 año y 1 mes. Nosotros no podíamos creer y no entendíamos nada. Fue como un golpe en la cabeza y en el corazón. Yo -con mi maternidad a full - no entendía cómo había madres que llevaron a sus bebés. Y no sabía si ir, si tratar de ayudar, la tele nos absorvía... fue imposible dejar de estar mirando la noticia de ese día.
Es imposible no hablar de esto, porque creo que todavía no lo puedo "digerir".
30 de diciembre es un día que (se) fue resignificando en mi vida.